Todo deportista o deporte de equipo suele marcarse unos objetivos y metas que dirigen el entrenamiento, marcando así un punto de partida y una línea final de meta en su trayectoria de rendimiento.
Pero ¿realmente llegamos a conseguir lo que nos proponemos?, ¿creemos que nos marcamos objetivos adaptados a nuestras capacidades o los situamos en agentes externos?, ¿sentimos que nos quedamos por el camino sin conseguir alcanzar la meta final?, ¿si no conseguimos los primeros pasos, ya está todo perdido? ¿qué puede fallar en este proceso?



